Conéctate con el amor real y sé feliz en pareja

Existe la creencia de que la pareja nos hace felices o infelices. Cuánto poder o, quizás debería decir, cuánta carga se le otorga a la pareja.

A veces vivimos situaciones de dolor, discusiones, pérdidas o desacuerdos y pareciera que el otro tiene en sus manos la posibilidad de moldear nuestros estados de felicidad o infelicidad. Sin embargo, siempre queda en nuestras manos el decidir cómo vamos a vivir lo que nos ocurre, aquí es cuando muchos deciden jugar para el equipo del victimismo, el resentimiento o la queja, mientras que otros deciden jugar para el equipo de la aceptación, la responsabilidad y la resiliencia, es decir, la capacidad de sobreponerse a las contrariedades para al final salir fortalecidos. Esto último implica que cada miembro de la pareja acepte ser protagonista de su vida y no simple espectador.

Surge la pregunta: ¿Qué es la felicidad? Hay quienes la igualan al éxito, al placer o a la ausencia de dolor o frustración. Hay quienes hacen pareja con la ilusión de que todo sea como en los cuentos de hadas -“Y vivieron felices para siempre”- donde las diferencias con el otro y los momentos dolorosos constituyen el camino a la infelicidad y la desgracia. Vivir en pareja bajo la utopía de la perfección es imposible en la vida real, esa que merece ser vivida imperfectamente.

La felicidad implica un sí absoluto a la vida con nuestras predisposiciones y las del otro, tal como afirma Joan Garriga en su libro “El buen amor en la pareja”. No tiene que ver con la resignación que llama a una actitud pasiva, tiene que ver más bien actitud proactiva ante lo que deseo para mí mismo, y ante los hechos que se sobrevienen a lo que he planeado. En lugar de vivir peleado con lo que la vida nos da o nos quita, siempre tenemos el poder de transformar lo vivido en algo productivo que aporte felicidad a nuestro corazón.

Ya decía el gran García Márquez en El Amor en tiempos de cólera: “Le enseñó lo único que tenía que saber sobre el amor, que a la vida no la enseña nadie…”.

Quien exige que su pareja lo haga feliz es el niño interior que se encarga de armar tremendos dramas cuando la realidad no se asemeja a sus sueños. Desde ese niño se han escrito tantos poemas y canciones de amor que empiezan con: “Sin ti no puedo vivir…” “Tú ausencia es la culpable de mi desdicha…” “Sin ti nada tiene sentido…”, “Yo sin ti no valga nada…”. Estas frases tienen sentido para un niño, puesto que sin sus padres o sin la presencia de un adulto tendría pocas probabilidades de sobrevivir. Pero la pareja es una relación de adultos y, a pesar de lo intensa y profunda que pueda llegar a ser, debe tener un nivel de independencia que le permita a cada uno ser y estar por voluntad propia y no por sentirse responsable de la vida del otro. Por eso, lo que no resolvemos con nuestros padres lo trasladamos a la pareja y aquí se reviven los miedos y fantasmas que creemos haber dejado atrás en la infancia.

La pareja sólo debe ser pareja, la responsabilidad de ser padre o madre de la pareja es demasiado grande y, a menudo, uno termina abandonando la relación por no poder cumplir con las expectativas del otro.

Aquí les dejo un ejercicio para conectarse con ese amor adulto, que nos permite comenzar a vivir el “buen amor” con el otro:

Mírense a los ojos y reconozcan lo que el otro es, con lo hermoso que los mueve mucho y con lo que no les gusta tanto.

En los ojos de mi pareja veo la sexualidad que nos conecta con la vida y nos expone a sus consecuencias, al dolor, a la felicidad y a la muerte; lo veo a él hecho hombre a través de su padre y de los hombres de su familia; la veo a ella hecha mujer a través de su madre y de las mujeres de su familia. Veo a sus padres detrás de él/ella, y más atrás a sus abuelos y a sus bisabuelos, y así sucesivamente hasta que ya no logro reconocer quién pertenece a que lado de la familia. Sólo me inclino ante la fuerza de la vida que ha pasado a través de tantas generaciones y que nos conecta en destino para estar juntos hoy.

Por último lo/la miro a los ojos y le digo: “Sin ti también me iría bien… Pero elijo estar contigo y te tomo tal cual eres, en todo lo real de este amor”.

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